Cómo trabajar el autocontrol en perros: consigue que te mire antes de su objetivo
¿Qué es el autocontrol en perros? El autocontrol en perros es la capacidad de gestionar sus impulsos y esperar antes de actuar ante algo que les resulta atractivo.
Cuando un perro ve algo que le interesa, es normal que quiera ir directamente hacia ello. Una chuche en el suelo, un juguete, otro perro, una persona o incluso salir por una puerta pueden convertirse en estímulos muy difíciles de ignorar.
El problema aparece cuando el perro actúa directamente por impulso y no es capaz de hacer una pequeña pausa antes de conseguir aquello que quiere.
El objetivo del ejercicio que vamos a enseñar hoy es muy sencillo: conseguir que el perro aprenda a pararse un instante, mirar a su guía y esperar una señal antes de acceder a su objetivo.
Y lo mejor es que podemos trabajarlo utilizando un clicker o simplemente un marcador verbal.
¿Qué queremos conseguir?
En el autocontrol en perros no buscamos que nuestro perro deje de interesarse por aquello que tiene delante.
Tampoco queremos que permanezca mirándonos durante largos periodos de tiempo.
Lo que queremos es crear una pequeña secuencia:
Veo algo que quiero → me controlo → miro a mi guía → recibo la señal → puedo conseguirlo.
Esta secuencia puede parecer muy sencilla, pero tiene una aplicación enorme en la vida cotidiana.
Por ejemplo:
- Ve un juguete y espera antes de cogerlo.
- Quiere salir por una puerta y te mira antes de hacerlo.
- Ve a otro perro y aprende a buscar información en su guía.
- Quiere acercarse a una persona y espera.
- Ve comida en el suelo y consigue controlar el impulso.
- Está esperando para bajar del coche y espera la señal.
La idea es que el perro aprenda que comunicarse con nosotros también forma parte del camino para conseguir lo que quiere.
Ejercicio de autocontrol en perros: la chuche en el suelo
Vamos a empezar con un ejercicio muy sencillo.
Necesitaremos:
- Varias chuches que le gusten a nuestro perro.
- Un lugar tranquilo.
- Un clicker, si queremos utilizarlo.
- Una palabra de liberación, como “OK”.
1. Coloca a tu perro delante de ti
No necesitamos una posición perfecta.
Simplemente queremos que esté en una situación en la que pueda prestar atención y realizar el ejercicio sin demasiadas distracciones.
2. Tira una chuche al suelo
Lanza una chuche a poca distancia.
El perro probablemente querrá ir directamente hacia ella.
No le des ninguna orden.
Simplemente espera.
3. Espera la mirada
En cuanto el perro deje de centrarse exclusivamente en la chuche y te mire a ti, marca inmediatamente esa conducta.
Si utilizamos clicker:
Chuche en el suelo → te mira → CLICK.
Después esperamos un pequeño instante y decimos:
“OK”.
Y dejamos que vaya a comerse la chuche.
Esto es muy importante.
No estamos utilizando la chuche únicamente como premio que damos nosotros desde la mano. El propio objetivo que el perro quería conseguir se convierte en parte del refuerzo.
El perro empieza a descubrir que controlar el impulso y mirar a su guía es lo que hace posible acceder a aquello que quería.
¿Y si no tengo clicker?
No pasa absolutamente nada.
El clicker es una herramienta muy útil porque nos permite marcar con mucha precisión el instante exacto en el que aparece una conducta, pero no es imprescindible para realizar este ejercicio.
Podemos utilizar un marcador verbal, por ejemplo:
Chuche en el suelo → te mira → “sí” → “OK” → puede ir a por la chuche.
Lo importante es que el marcador aparezca justo cuando el perro realiza la conducta que queremos reforzar.
Si quieres aprender más sobre esta herramienta, puedes consultar nuestro artículo sobre cómo utilizar el clicker en el adiestramiento canino, donde explicamos con más detalle cómo funciona y cómo podemos incorporarlo al entrenamiento.
Aumenta poco a poco el tiempo de espera
Al principio no necesitamos que nuestro perro mantenga la mirada durante varios segundos.
De hecho, pedir demasiado tiempo desde el principio puede hacer que el ejercicio sea innecesariamente difícil.
Comenzaremos con algo muy sencillo:
Te mira → click → “OK” → premio.
Cuando lo entienda, podemos empezar a aumentar progresivamente el tiempo.
Por ejemplo:
Nivel 1:
Te mira → click → “OK” → premio.
Nivel 2:
Te mira → esperas 1 segundo → click → “OK” → premio.
Nivel 3:
Te mira → esperas 2 segundos → click → “OK” → premio.
Nivel 4:
Aumentamos progresivamente el tiempo de espera.
No hay un número de segundos que todos los perros deban alcanzar.
Cada perro tiene su propio ritmo y nuestra función es conseguir que el ejercicio sea suficientemente fácil como para que pueda tener éxito, pero suficientemente difícil como para que siga aprendiendo.
No queremos una mirada eterna
Este punto es fundamental.
No queremos que el perro aprenda que debe quedarse mirándonos fijamente durante diez, veinte o treinta segundos antes de poder conseguir algo.
La mirada simplemente es una forma de comunicación.
Queremos que el perro aprenda algo parecido a:
“Hay algo que quiero. Puedo controlarme un momento, mirar a mi guía y esperar a saber qué ocurre.”
Una vez que el perro entiende esta dinámica, podemos utilizarla en situaciones cada vez más reales.
De la chuche al mundo real
Una vez que nuestro perro comprende el ejercicio en un ambiente tranquilo, podemos empezar a trasladarlo a otros contextos.
Por ejemplo:
Antes de salir por una puerta
Abrimos la puerta.
El perro espera.
Nos mira.
“OK”.
Y salimos.
Antes de comenzar un juego
Mostramos el juguete.
El perro quiere cogerlo.
Esperamos la mirada.
“OK”.
Y comienza el juego.
Antes de bajar del coche
Abrimos la puerta.
Esperamos.
El perro nos mira.
“OK”.
Y puede bajar.
Ante una distracción
El perro detecta algo interesante.
En lugar de lanzarse inmediatamente, esperamos a que sea capaz de hacer esa pequeña pausa y buscar nuestra mirada.
De esta manera, el ejercicio deja de ser simplemente un entrenamiento con chuches y empieza a convertirse en una forma de comunicación cotidiana.
También podemos utilizar juguetes
La comida no es la única forma de trabajar este ejercicio.
Si nuestro perro está mucho más motivado por el juego, podemos utilizar su juguete favorito.
Colocamos el juguete en el suelo o se lo mostramos.
El perro quiere ir hacia él.
Esperamos.
Cuando nos mira:
CLICK → “OK” → empieza el juego.
En este caso, el propio juego funciona como refuerzo.
Esto puede resultar especialmente útil con perros que no tienen una gran motivación por la comida.
¿Cómo aumentar la dificultad?
Una vez que el ejercicio es fácil para nuestro perro, podemos aumentar progresivamente la dificultad.
Una posible progresión sería:
- Chuche en el suelo en una habitación tranquila.
- Aumentar ligeramente la distancia.
- Utilizar diferentes tipos de comida.
- Trabajar con juguetes.
- Cambiar de habitación.
- Practicar en el exterior.
- Introducir movimiento.
- Trabajar con distracciones reales.
Lo importante es no aumentar todas las variables a la vez.
Si aumentamos la dificultad demasiado rápido y el perro deja de ofrecernos la mirada, simplemente hemos ido demasiado deprisa.
Volvemos a un nivel anterior y seguimos construyendo desde ahí.
Errores frecuentes al trabajar el autocontrol
Repetir constantemente “mírame”
Si queremos que el perro aprenda a ofrecernos la mirada, no queremos estar diciendo continuamente:
“Mírame, mírame, mírame…”
Queremos que descubra que esa conducta tiene consecuencias positivas.
Empezar con algo demasiado difícil
Si ponemos delante del perro su estímulo más emocionante desde el primer día, quizá todavía no tenga las herramientas necesarias para controlar el impulso.
Empieza fácil.
Aumentar demasiado rápido el tiempo
Que pueda esperar un segundo no significa que automáticamente pueda esperar diez.
El aprendizaje debe ser progresivo.
No utilizar una señal de liberación
El “OK” nos ayuda a establecer claramente cuándo termina la espera.
El perro aprende que esperar no significa que nunca vaya a conseguir el objetivo.
Simplemente significa:
“Ahora espera. Después tendrás acceso.”
Convertir el ejercicio en una competición
No buscamos saber cuánto tiempo puede aguantar nuestro perro.
Buscamos enseñarle una habilidad útil.
Cinco repeticiones buenas pueden ser mucho más productivas que intentar mantener una espera demasiado larga y terminar frustrando al perro.
El autocontrol se construye en el día a día
Una de las mejores formas de trabajar esta habilidad es aprovechar situaciones que ya ocurren de manera natural.
No necesitamos hacer siempre una sesión específica de entrenamiento.
Podemos aprovechar:
- Las comidas.
- Los juguetes.
- Las puertas.
- El coche.
- Los paseos.
- Los saludos.
- Los momentos de juego.
Cada una de estas situaciones puede convertirse en una oportunidad para enseñar al perro que antes de conseguir algo interesante puede hacer una pequeña pausa y comunicarse con nosotros.
Trabajar el autocontrol no significa prohibir
Uno de los errores más habituales es pensar que enseñar autocontrol significa decirle constantemente al perro que no puede hacer algo.
No es eso.
Queremos enseñarle qué puede hacer cuando aparece algo que le interesa.
Puede parar.
Puede pensar.
Puede mirarnos.
Puede esperar.
Y finalmente puede conseguirlo.
El objetivo es que el perro tenga una estrategia que pueda utilizar cuando aparece una situación emocionante, en lugar de limitarse a reaccionar automáticamente ante ella.
Material para trabajar con tu perro
Para practicar este tipo de ejercicios para el autocontrol en perros podemos utilizar diferentes herramientas de adiestramiento, desde premios y juguetes hasta clickers y otros accesorios.
Además, si quieres profundizar en el uso del clicker, recuerda consultar nuestro artículo específico sobre esta herramienta, donde explicamos cómo utilizarlo correctamente y por qué el momento exacto del marcado es tan importante.
Conclusión
Trabajar el autocontrol en perros no consiste en conseguir que nuestro perro deje de querer aquello que tiene delante.
Consiste en enseñarle a hacer una pequeña pausa entre lo que siente y lo que hace.
El ejercicio de la chuche en el suelo es una forma sencilla de empezar:
Objetivo → espera → mirada → marcador → “OK” → acceso al objetivo.
Con el tiempo podemos aumentar la duración, cambiar los premios, introducir juguetes y trasladar el ejercicio a situaciones reales.
Y recuerda: no buscamos un perro que deje de emocionarse; buscamos un perro que aprenda qué hacer cuando algo le emociona.

